Pasamos una noche de viernes muy tranquila. No estacionar junto a la ermita, hacerlo justo después de la calle que sale a la izquierda. Está en una de las entradas del pueblo, pero prácticamente no hay movimiento. El pueblo merece una visita. El pan de la panadería es de horno de leña. El castillo es precioso. El recepcionista super atento. Aceptan perros.Venden vino y aceite de la localidad.







